Quería compartir con ustedes unos pensamientos en los que estuve trabajando en estos días. Esa una pregunta que me vino varias veces a la cabeza en época eleccionaria, y pido disculpas por la demora en volcarla aquí, pero como bien dice nuestra presentación, hacemos lo que se nos da la gana.
Creo que no hace falta que me explaye sobre las diferencias que hay en la izquierda (en la izquierda de en serio digo, la que está a la izquierda, o sea, la que patea con la pierna de Messi para poner un ejemplo; hago la aclaración porque hasta hace poco eramos todos de izquierda, muchos siguen siendo de izquierda, pero de una izquierda que patea con las dos piernas, como alguna vez supo patear algún penal Palermo, se entiende). La izquierda está devastada, no sólo por su escasa participación en los debates de escala nacional, tampoco por su escasa participación en la repartición de la torta de votantes, sino especialmente con su empecinamiento en atacarse mutuamente, o sea en atacarse a sí misma. No hace falta más que leer alguno de los periódicos que publican tanto el PC, como el PCR, o el PO, para ver que se pasan más tiempo combatiendo y robándose los partidarios entre ellos, que enfrentando a la derecha. Me pregunto, ¿eso es revolucionario? Avanzo, estos partidos llaman a la revolución, es más, las elecciones serían una especie de plesbicito pre-revolucionario desde sus filas; pero disparo la pregunta que se me vino todas estas veces a la cabeza, ¿se puede hacer la revolución desde alguno de estos partidos?
Aviso, para los desprevenidos que se pierdan en mi razonamiento, ya explique bastante de lo que entiendo por sistema democrático y lo que representan las elecciones para mí en dos entradas anteriores (Quorum y Relecturas) que recomiendo lean antes de ésta.
Estos partidos claman por la revolución. Son ellos el partido de vanguardia, no el otro de la izquierda, que también clama por la revolución, ni el otro, que también lo hace, ni el otro (son varios los partidos de izquierda). Y se presentan a elecciones, alguno que otro hasta gana algún concejal o diputado, y llega a ser tercera fuerza en alguna que otra provincia. Y aboga por la destrucción del sistema ¿si? ¿De qué sistema? ¡Que pregunta pava, che! Del sistema capitalista. Ahhh ¿y desde donde lo hacen? Ehhh… Desde dentro del mismo sistema, haciendo uso y usufructo de una de sus más fantásticas maquinarias de dominación y legitimación, el sistema eleccionario, la fiesta de la democracia (si no se entiende este punto, repito, relean Quorum y Relecturas).
Estos partidos se presentan a elecciones dentro del sistema eleccionario, creado justamente por la clase dominante para legitimarse a sí misma y para beneficio de sí misma. Es como pelear contra el enemigo dejándole elegir terreno, armas y momento -e incluso adversario-. Es más, este sistema fue pensado por la clase dominante para su propia preservación. Difícil será encontrar aquí los mecanismos para destruirla. Incluso, eligiendo el sistema y orden existente como campo de lucha, sistema y orden creados y preservados por la clase dominante, no se hace más que legitimizarla a ella y a sus reglas, justo a lo que se pretende combatir.
Recordemos que la revolución es un movimiento hacia adelante, hacia el futuro, no hacia atrás. Eso es la reacción. En su momento el orden (o sistema) actual fue revolucionario, fue un avance. Pero justamente fue creado sobre el esqueleto -destrozado o no- del orden anterior, sobre las bases del orden anterior, por lo que si un movimiento permite, es justamente hacia atrás, un movimiento reaccionario (movimiento que se ha dado en múltiples ocasiones).
Ninguna revolución realmente revolucionaria luchó y triunfó bajo las reglas vigentes, bajo reglas impuestas, sino bajo sus propias reglas. Si queremos cambiar al mundo, sólo podemos empezar por cambiarlo.
