La otra tarde venía caminando por uno de esos pocos centros urbano-comerciales del conurbano sur que conservan un mínimo espírtu de frivolidad noventista adosado a vidrieras diversas y modernos adoquines. Algo captó mi atención. Un libro. Asomándose en la ventana, chusmenado qué era lo que pasaba en la calle y en la vereda, me observaba con su título. “Historia de la fealdad” o algo así. No me atrajo tanto como su fisionomía, ademas de ser bastante gordito, tenía tapa dura. Pocos libros ostentan ese privilegio en mi biblioteca, en realidad tan sólo uno, mister Smith; ni Ricardo ni Marx, ni Feinmann ni Kovadloff, ni Huntington ni Hobsbawm. ¿Será un símbolo posmo? No, tampoco para tanto, muchos libros coherentes tienen tapa dura, el símbolo posmo no es otra cosa que el título. Como si la fealdad tuviera una historia (un relato, les gustaría decir a algunos). Si tiene una historia querría decir que tiene un movimiento independiente de otras historias, porque si no no tendría una historia, como si esa historia le perteneciera, a ella sóla, a la fealdad, y ni por extraña generosidad la compartiría con otros u otras. Si tiene una historia, tiene su historia, que debería ser otra historia que la de los genoveses, por decirlo, que la de Asia, que la de la informática, las computadoras o acaso los bichitos de luz. Si tiene una historia tiene otra historia que no es la del capitalismo. La fealdad no tiene nada que ver con el capitalismo. Como si el capitalismo no hubiera evolucionado de la mano de la fealdad, de la estética. Como si el capitalismo, en su expansión no se hubiera apropiado de la estética y no la hubiera hecho partícipe de sus fines inclaudicables. No es casual que en la antigüedad la hermosura era sinónimo de voluptuosidad. Así sería más simple. Con el capitalismo la cosa cambia, si la voluptuosidad sería la imagen a seguir, alcanzaría nomás con comer hasta reventar, aumentando el consumo de quién sabe cuantos productos alimenticios de las más variadas especies, colores y sabores, y de algún que otro producto agrario semi-industrializado que también llegaría a nuestro estomago, previa fugáz escala en nuestra heladera último modelo, tamaño mini, naturalmente, ya que su función no es conservar los alimentos, sino tan sólo cobijarlos en su momentánea gélida espera. No, al capitalismo no le serviría de mucho; el concepto de la hermosura, o de la fealdad en este caso, necesita encontrar formas, callejones y avenidas por donde pueda circular el capital al antojo de este último, lo más cómodo y veloz posible. Es más práctica la delgadez a sus fines. No sólo es tan funcional al capital como la voluputosidad, ya que seguimos comiendo hasta reventar en aquellas glotonerías epicúreas, sino que después de eso son agarra un “cargo de conciencia”, y corremos al shopping más cercano. Compramos productos diet varios, para castigarnos toda una semana por nuestra desquisiada actitud comilona. Vamos al GYM (gimnasio para los incontaminados), dónde quemamos calorías, bajamos grasas y gastamos dinero. Los verdaderos deportistas que van al gimnasio son bichos raros, casi carne de diván. Y hablando del diván, dedicamos incontables cantidades de dinero a esa oreja amiga contándole nuestros transtornos alimenticios, tratándole de econtrar la explicación en alguno de nuestros sueños, en la relación con nuestro padre o en alguna prohibición de nuestra niñez. El capital come a su antojo, ahí sí esta la oda a la voluptuosidad, la voluptuosidad de la acumulación. La delgadez de nuestro auto-control, de nuestra conciencia, de nuestra capacidad alimentaria. ¿El mundo posmo nos dirá todo eso? Seguramente nos encontraremos con un libro plagado de anécdotas hilarantes, mucho más entretenido que El Capital, y que nos hará sentir como unos duques, seamos voluptuosos o no, pero felices y no-engañados, no-engordados, y no-explotados. El postmodernismo dura, ¿será po la tapa dura?
Posteado por: Ale | mayo 16, 2009
El postmodernismo dura, ¿será por la tapa dura?
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Escrito en General | Etiquetas: comilona, el asado del domingo, la pansita ombliguda, postmodernismo
Adoquines… Será Adrogué? la verdad no recuerdo que tal libro me haya mirado desde atras de un vidrio, pero quizas alguién se lo compro antes de que pueda verme, quizás te lo compraste vos…
En cuanto a la estética, relatas perfectamente el mecanismo por el cual cae, como una de tantas cosas que han caido, dentro de lo que el Marx traducido llama “subsumption under capital”.
Es un ejemplo más de como los “problemas sociales” por los cuales se “hace algo”, sólo son tales y se actua frente a ellos cuando es rentable hacerlo. Como dijo Astarita en una de las tantas charlas, las empresas van a producir cosas que no contaminen sólo cuando se vuelva rentable hacerlo, cuando todos estemos dispuestos a pagar más por algo que ayudo a salvar a la 4ta cria de un panda encerrado en una jaula…
Y la critica a la tapa dura imagino que no es porque la dureza de la tapa debería ir de la mano de la relevancia del libro, algo que no sucede (mi edicion del capital tiene la tapa casi tan blanda como las 500 hojas), sino xq cualquier forrada como un Milton cualquiera que dice que el dinero cae de un helicoptero (sí sí te voy a refregar tu error, único en los anales del culo, unico lugar capaz de albergar cosas llamadas “anales”) aparece con tapa dura y perdura así en el tiempo, incluso cobrando relevancia en las vidrieras de las principales cadenas de librerías, que en su sección de economía sólo tienen manuales de macro neoclasica!!!
Por: Lisandro Marxista el mayo 17, 2009
a las 7:00 pm